Editorial de Nancy Pazos «El gigante argentino»



El argentino, la argentina, es decir, nosotros somos un gigante compuesto por millones de personas. Un gigante al que le actualizamos la cabeza cada cuatro años con un voto. Es en ese momento en que nos juntamos simbólicamente en el anonimato de un cuarto oscuro, pero nos juntamos, a definir qué tipo de cabeza queremos para seguir en el camino. 

Esto, que suena a una obviedad o hasta a un cuento infantil parece ser difícil de entender para algunos pares a los que le dimos nuestro poder para que decidan por nosotros. Y es para asustarse. Porque si hace cuatro años hubo una expresidenta que, por no dar imagen de derrota, no le entregó los atributos de mando al actual mandatario, hoy… ¿Qué te puedo decir de un mandatario que recibe con berrinches el gigantesco INSUFICIENTE con el que lo calificó el gigante, es decir nosotros, en el boletín de su presidencia? 

Y muchos dicen: es el peronismo, estúpido o es la economía, estúpido o es cualquier otra cosa menos lo que vos decís, estúpido… Pero lo primero que hay que plantear es que acá no hay estúpidos. Porque ningún estúpido llegó a tener el derecho legítimo de sentarse en el sillón de Balcarce 50. Acá hay proyectos políticos que traen como consecuencia una política económica que puede incluirnos a todos, a poquitos o a nadie. El problema es que nos vamos dando cuenta cada vez más rápido cuando un proyecto no nos incluye.

Por eso es que el argentino, la argentina de a pie, es decir, nosotros podemos votar deseos, expectaivas pero jamás estupideces. Como jamás necesitamos de una pantalla para saber que la inflación nos carcome el bolsillo. O que el riesgo país, el verdadero riesgo de vivir en el país,  nos acompaña siempre: y es el riesgo de no saber a cuánto vamos a pagar la leche o desconocer si vamos a tener laburo mañana. Porque, aunque es obvia la aclaración, la inseguridad económica tampoco es una sensación. 

Hoy, ese gigante que es la Argentina y que componemos todos está mareado, al costado del camino. La resaca del berrinche de unos convive con la euforia de otros. Y aunque quiera dormir, no puede porque sabe, la pucha si sabe que gigante que se duerme es cartera… cartera que se va con los pocos dólares que quedan. 

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